Brieuc Martin-Onraët

Memories…

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A year ago yesterday, we lost our son-in-law Andrés.

Yesterday, our daughter organized a celebration in our other daughter’s house and garden.

A shrine was set up with flowers, and photos and photos and photos, and garlands of Mexican cut-paper. And strings and strings of origami.

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Dozens and dozens and dozens of friends, family, children, babies, showed up. Thank you all for coming. The garden was full. Even the sun pushed the clouds away.

There was laughter and tears, music and beer, and Tequila and Mezcal, delicious tacos cooked on the spot, and more beer, and speeches, and laughter and tears and hugs.

I am pleased to report that laughter and smiles beat tears by a long shot.

🙂

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Washington, D.C. 2015, after Gini’s graduation from GWU. (The hat is mine)

Our daughter put together a site dedicated to the many memories Andrés left us. I invite you to click on the link below and visit. Nothing sad. Just a celebration of a wonderful human being, Love and Life.

http://ideasmisticas.com/

— por Brieuc Martin-Onraët, 2018
publicado en equinoxio21.com

Efraín M. Díaz-Horna

Un aire frío se coló
por entre las costillas de mi ser.
Aquel día el teléfono fue el portador
de una magra noticia
que encapotó mis horas de tristes esencias.

Más tarde el lastre
de la espesa bruma del dolor
impidió que el sol irradiara
sus vitales favores.

Fue un sablazo existencial;
un dolor cómo ningún otro
que caló lo más profundo de mi alma.
Esta congoja insoportable
que nunca nadie debería de sufrir
se enquistó con saña en mi corazón.

Un hondo gemido se esparció
por el paisaje de mi vida
y escuché una voz balbucear:
¡Es un insulto de la naturaleza!
¡Un padre no debería de enterrar a su hijo!
¿Por qué Señor?

Silencio.

Busqué las palabras, los abrazos,
que sosegaran mi dolor…
Mas me encontré con una dura realidad.
Una vez más el silente río, en su afán
de llegar al mar,
arrebató, sin misericordia,
la promesa de una joven vida.

Su sonrisa, sus ojos, sus manos
y su dadivoso corazón
yacen, ahora, en el recóndito
mundo del mar.

Quedé aturdido. La sacra ira
se hizo presente en mi ser.
Congoja. Desesperanza. Rabia.

Un silencio ensordecedor
me arrastró hasta las puertas
del infierno. Rabia. Mucha rabia…

¿Por qué? ¿Por qué? ¡No es justo¡

¿Por qué nos dejaste?

¿Por qué?

Me muerdo los labios.

Azoto mi alma.

Maldigo la vida.

¿Por qué?

¿Qué hacer? ¿Cómo calmar esta tremebunda pena?

Busqué una respuesta…

Entonces, escuché una voz, tierna y sabia,
susurrar una verdad
que empapó mi corazón con la sapiencia de los siglos:

¡Llora a cántaros! ¡Aflígete!
Plañe tu honda pena. Llórala
sin rubor y sagrada entrega,
pero agárrate de la hebra que nos deja Andrés
y sigue tu camino, paso a paso, hasta el infinito.

La hebra, que no se rompe,
el hilo de sus recuerdos: sus pardos ojos,
su sonrisa, sus sueños, sus travesuras y su amor
que con humilde gesto aglutinan
el tapiz de nuestra familia.

La luz se cuela, sigilosa, por nuestro pecho.
Las campanas de la vida tañen una vez más
y la bruma pausadamente se despeja.

¡Milagro de milagros!

La presencia de su ausencia irrumpe
con sacra terquedad en el espacio
de nuestros corazones invitándonos
a recordarlo con alegría y amor.

Me dije:
¡Recordemoslo con júbilo!

Hoy día se filtra en mi corazón
la savia de la esperanza
llenándome de paz y paternal sosiego.

La luz disipa la penumbra.

Sonrío.

Lloro.

Acepto.

Una voz desde el horizote musita:
“El señor es mi pastor, nada me faltará”.

― Por Efraín M. Díaz-Horna, 2017

En memoria de mi primo Andrés.

Inspirado en la lectura del texto que escribió Andrés para festejar el vuelo salvaje de las aves que retornan a poblar el sitio que el hombre había creado para sí. La naturaleza vuelve, siempre. limulus.mx/los-habitantes-sigilosos-de-tlatelolco

Se perdió Andrés.
La avioneta brinca a esta altitud, parece que hubieran baches.
Tomo los binoculares. Una aguja en un pajar.
El fue un boy scout, escalaba, le gustaba desaparecer, sin despedidas.
¡Canijo!, espero andes colgado de un risco en alguna cueva Pericú – tribu originaria de la Baja California Sur – pasando el día entre tus pensamientos y la brisa del mar.
Ambos pilotos me piden direcciones a mí …

Cabo Pulmo es hacia el Este Voy viendo el Mar.

***

Hoy te olvidé. Mentiras, hoy te fuiste. Y de que manera. Tan creativa que parece ficcional, te hubiera gustado, como salida de una buena lectura de corsarios. Alguna vez me confesaste sobre tus trucos de escape. Impunes. Sin despedidas que no te gustaban. De tenis y de corbata, fuiste al primero que vi. Todo un rompecorazones. Le daba a uno estatus ser tu pariente.

Mi infancia la viví contigo. Con los primos que éramos de la edad y nos dedicamos a jugar, de día y de noche, en el agua, en la cancha de fútbol donde cargabas el gen aguerrido de los Diego. Hoy vi un venado. Te encantaba este lugar que hoy te recuerda. Sus playas, el nado suave en sus piscinas calmas que esconden tanta vida. Es un safari. Al sumergirse uno se erizan los sentidos. La belleza se magnifica. Es en el agua donde inicia la vida. La Madre. El alfa y el omega.

Pero aún no es el fin. Encontraron una osamenta dice el de protección civil. Iré yo a verificarlo mientras los buzos lo sacan del agua. De los males el menos, mejor que no lo vean ellos. No quisiera que seas tú. Pero quien quiere la duda si no apareces nunca. Ya se siente tu falta. Un bocado nos quitaron a todos. El día esta soleado en la playa. Pero ni un alma se asolea. Hoy llovió por la mañana. Dormimos al aire libre y las gotas del amanecer nos despertaron. El día lloró. Lloramos todos por tí. Qué tragedia.

En la playa no se oye el incesante piquido de las gaviotas. No pasan las fragatas al vuelo y las auras andan pa otro lado. De pronto aterriza un gran cuervo negro. Dicen que ha sido una muerte rarísima, escasísima, inexplicable a medias. Una muerte así, ante el máximo depredador está reservada para la épica de otros tiempos, donde el Mundo le quedaba enorme al ser humano. Pienso en los cazadores de la antigüedad que enfrentaban osos cavernarios, los pescadores que navegaban sobre canoas en el Océano abierto y se exponían al miedo. Una muerte así es para los valientes. Los que sueñan sin limites y encuentran la inmortalidad en el momento en que dejan su carcaje atrás. Siempre serás joven, Andrés, te recordaremos en la calma del mar. En la paz que nos dejaste.

Vinimos a despedirte a la playa donde te sumergiste la última vez. Curiosamente se llama Arbolito. Casi tengo certeza que la primera casa donde creciste, la de nuestros abuelitos, estaba en la Calle de Árbol. El lugar se siente en Paz. A la tarde del día en que encontraron tus restos los buzos voluntarios de Cabo Pulmo nos sentamos en círculo alrededor de unas velas a contarte historias. Teníamos cervezas pues no se diferenciaba en nada a una reunión con amigos. Con gente que te tenía cariño. Era el peor día. Era el peor momento. Era una tragedia sin motivos ni razones. Pero tu esencia que por ahí permanecía y hoy nos acompaña, transmitía tranquilidad. Había sonrisas en tu despedida. Caminaban cerquitas los cangrejos ermitaños.

Tu tumba era el iris de mil azules. El agua salada son lagrimas. El sol es quien ahora te abraza al caer el día. En el horizonte te besa. Me pregunto tu jefe que hacer con las cenizas. Antes siquiera de imaginar polvos al vuelo o en la raíz de una jacaranda me interrumpió diciendo que lo primero era hacerte una pachanga.

Tu persona es la infancia. La juventud y el vuelo de las aves que juegan. De niños la familia era grande y fuerte. Confiada y sonriente. Tu ahora me lo recuerdas, me haces sentir a mi familia. El parentesco doble. Un tejido entre dos clanes. Tu padre y mi padre. Nuestras madres. A veces invento que hicieron planes. Se pusieron de acuerdo y se juntaron. Tu madre con el hermano de mi madre. Mi padre con la hermana de tu padre. Tejieron un lazo en el que nacimos primos.

Debo ser honesto. Deje de verte hace años. Pero la empatía volvía cada vez que nos veíamos. Compartimos muchísimos recuerdos. Una sola vez te visité en tu casa. Ese departamento completísimo donde me dieron ganas de reservar un tour entre las obras de arte de tu ingenio y el buen gusto para el acomodo. Era tu jardín Zen. La casa de un intelectual, un artista. Un lector con sus gatos.

Por último me consuelan los comentarios de un sabio amigo acerca del espíritu humano. Los antiguos sabían que el espíritu de cada ser tenía una vida que duraba 120 años. Si la persona moría antes de llegar a esa edad, como era normal, esta renacía para cumplir con el tiempo de vida necesario. Si la vida se llevaba de manera correcta según las ilusiones y deseos de cada ser, entonces al cumplirse el periodo, el espíritu llegaría al sol, donde conscientemente y como ser de luz, el ser se encontraría con aquellos que dejo a su paso en la gran cometa. Cabe agregar lo que se dice de las personas que tienen muertes cuando son jóvenes, almas reencarnadas que al cumplir, en la segunda vuelta de su espíritu el total de 120 años pueden ya descansar en paz y Volar, como un halcón.

— por Antón Diego Fernández Rozada, 2017

El eterno desafío de tu mirada escrutadora. Observando, diseccionando, escudriñando hasta la más mínima forma, hasta la mínima palabra. Cuestionando, debatiendo y a la vez construyendo.

Esa mirada inquisitiva que siempre conservó su nobleza, fue y será la plataforma de lanzamiento que me impulse siempre a ir por más.

Uno: No recuerdo bien cómo nos conocimos. Pero seguramente fue una experiencia relacionada con algún tipo de llave de judo versión cholo (de esas que están prohibidas por cualquier consejo técnico de las disciplinas de artes marciales) o la utilización de un objeto punzante y/o cortante. Tenías que estar prestando atención cuando estabas con él. Tenías que estar siempre al tiro. Los sentidos aguzados para estar al pendiente de lo que pudiera pasar. De 0 a 100 en milisegundos… Y siempre ibas con las de perder. Y por eso lo queríamos. Amor apache le llaman.

Dos: Aquella Santísima Playa con la cual comparto nombre, fue testigo del surgimiento y caída de varios superhéroes con poderes inverosímiles. Y en uno de esos terribles y deliciosos días, tanta era la sensación sobrehumana para aquél que apodaban el Saltaman, que en buena hora se le ocurrió tirar un cabezazo al campeón. Agarrarlo desprevenido. Noquearlo a la mala. Imposible hacerlo. En su elegancia, nuestro gladiador se limitó a reducir a este súper-pelmazo a nada. A demostrar que a él, el Golem, el coloso de piedra, era imposible hacerle daño. El superhéroe de pacotilla, lastimado en el orgullo, quedó siempre agradecido por ello.

Tres: No recuerdo nunca haber recibido una palabra o una frase completa de él que tuviera un evidente afán motivador. En mi base de datos solamente tengo presente cagotizas. Era habitual recibir un “No seas pendejo”, “No digas mamadas”, “¿Qué pendejadas dices?”, “¿De dónde sacaste eso?, no mames”. Y con cada una de esas frases para nada alentadoras, a él, como un maestro terrible, le aprendí el que debo moldear un carácter auténtico para mi persona. Que hay que ser uno mismo. Que hay que evitar ser una calca. Que hay que tener un nombre y personalidad propias. Tal vez por eso siempre, en silencio, lo consideré un ídolo. ¿Cómo alguien de mi edad puede enseñarme tanto?.

Cuatro: Le tenía envidia, y mucha. Y el lo sabía. Fuerte, bienparecido, personalidad avasalladora y uno de los mejores defensas que he tenido el placer de ver jugar. Nada que ver con el galeno borrachín malacopiento, con sobrepeso y cachetoncito que suscribe. Lo idealicé y siempre me he dicho que cuando sea grande, quiero ser como él.

Cinco: ¿Cercanos? no siempre. Enlazados: para la eternidad. Nunca fui su asunto más importante, pero sé que alguna vez vió algo en mí, que le hacía quererme y aceptarme como su amigo y presentarme a los demás como tal. Cuando dicen que soy amigo de Andrés Rozada, me paro el cuello. Me siento elegante y contento.

Seis: Lo considero un Titán. Y una verdadera leyenda. Lo quise y lo quiero, lo respeté y admiré.

Siete: Quisiera saber a dónde fue. En dónde está ahora. Y pedirle que me guarde un lugar. Seguro está en los terrenos donde habitan los Aquiles, los Perseos, los Hércules. Cuando sea el tiempo, quiero que me invite a dar una vuelta a ese sitio donde viven para la eternidad los verdaderos Rockanrolla’s.

Ocho: Como mi padre bien me dijo: “Honra a tu amigo. Vive por tí y por él. Por su recuerdo”. Y así será.

Nueve: El ejercicio de demostrar afecto entre nosotros tiene muchas peculiaridades. Pero sé que cuento con ustedes por hoy y siempre. Y sepan que los considero sangre de mi sangre. Juego mi vida y honor por todos y cada uno de ustedes.

Diez: Hasta siempre.

― Por Juan Manuel Cisneros Carrasco / Aker /
Saltaman / Juanma / Jean Baptisse / Batmanuel, 2018

ARDF, el de la mirada perdida, el que se entiende con las aves, el que platica con el fuego, el que brinca en las montañas, el que sabe ver pa adentro, el que amarra los nudos, el que te sacude cuando tienes miedo, el que chifla más duro, el que espera, el aprendió a amar, el que un día se fumó una nube, el soñador sagrado, el que acomoda las piedras en el desierto, el que le rasca al origen del sentimiento, con el que pierdes razón de tiempo y espacio, el que siempre quieres tener al lado, el que carga el cuchillo, el que guarda silencio, el que llega con la lluvia, el que se ríe cuando le grita a la luna, el que siempre es.

Ese mae, ciudadano del mundo, futbolista de clase impecable, siempre observando y descifrando el misterio de la vida misma. creador de múltiples imposibilidades posibles, elegante y atinado con la palabra, maestro del buen humor, gran amigo de una buena charla repleta de sorpresas, todo un ídolo de la afición.

Algo sencillo de leer. Una historia simple. Unidireccional. Digamos que van dos sujetos armados a conseguir el mejor taco de cochinita de la historia.

Siendo de los bajos mundos, conocían el rumor de un taquero que había sido bendecido por San Toribio con el don de producir los mejores sabores con base en axiote. Este guey además, a través de un chamán maya pudo hacerse de una receta ancestral para preparar la salsa de habanero más fuerte y sabrosa que haya existido. Este taquero, siendo fuente de tanto sabor, había sido amenazado varias veces de muerte por sus rivales y tuvo que esconderse y escogió como destino para su templo de alimentación una caverna entre Kohunlich y Dzibilchaltun. Se decía que de esa caverna manaban olores tales que había jaguares resguardándola.

Les costó seis meses dar con la caverna. Llegaron siguiendo el rastro de dos inmensos jaguares que habían atacado un puesto de cochinita. Después de un largo día llegaron a la cima de un cerro al que habían subido tras haber descubierto unas cacas con residuos de cebolla morada.

Finalmente, una mañana llegaron estos compadres.

La primera impresión que tuvieron fue de llegar a un oasis. Pero en vez de palmeras y aroma de dátiles encontraron ceibas y chacas y un penetrante aroma a axiote y habanero que surgía de una columna de humo en el siguiente valle, saliendo de entre la selva.

También notaron que no estaban a salvo. Había un enorme jaguar apostado en unas piedras a unos 200 metros al oeste. Estaba atardeciendo y sólo se veía su majestuosa figura recortada sobre la roca. Tal vez fuera uno de los asesinos del puesto de cochinita, platicaban los compadres, mientras acariciaban preocupados sus grandes panzas al descubierto.

Siendo pronta la llegada de la noche, los dos optaron por sacar sus hachas ceremoniales, sus platos sagrados, el mantel mágico y fueron a encontrar la boca de la caverna. Llevaban un par de horas caminando en sigilo cuando al atravesar una senda les salió al paso un Otorongo: un jaguar de proporciones desmesuradas, con manchas en forma de ojos viperinos y orejas puntiagudas y largas, similares a los gatos de las nieves, un depredador oriundo de las zonas mas recónditas de la Amazonia Peruana. Era increíble pensar que hubiera recorrido miles de kilómetros hasta ese lugar, como si supiera también la historia de la cochinita sagrada.

Ambos compadres se quedaron helados, con sus hachas prestas para lo que sería una inútil resistencia, y adoptaron la posición de combate de la monumental del América: manos arriba y abiertas al estilo del gran ave y con una pierna levantada. El majestuoso Otorongo los observó un instante que parecería una eternidad y atacó.

Mató al primer compadre al instante de un zarpazo. El segundo tardó otros 10 segundos en caer.

— por Andrés Rozada Diego Fernández, 2009

Además de agarrarse a golpes, también discurrían al respecto.

Mc-
Qué bien padre es despertarse lleno de golpes y con un codo malfuncionando. Nada grave, sólo está adolorido e inflamado. Estuvo bien anoche. No alcancé a cortarte verdad pendejo? Pues cuídate la espalda!!

Mz-
Manejo un bellísimo moretón en las costillas pero ninguna rajada… ¡te arrepentirás de no haberme fulminado cuando pudiste cabrón!

*

Mc-
Estuvieron buenos los putazos de ayer. Hasta que casi me rompo los dientes gracias a tu elegante cabezazo. Vas a ir a lo de Eliz? Pa’ seguirle.

*

Mc-
Namás te aviso que ayer te dejé vivir para que fueras hoy con el rayo. Más te vale que ganen.

Mz-
Así será.
Buen round ayer, siento que recuperamos nivel en esa danza de pasillo.

Mc-
Por los viejos tiempos.
Creo que Sofi la disfrutó mucho.

*

Mz-
No creas que me puedes intentar amedrentar y salir ileso. Al rato que te vea te voy a zambutir un fémur por el hocico, a ver si estás de boca floja otra vez.

Mc-
Yo sólo te voy a dormir, lo que te pase con el putazo al caer ya es tu pedo. No respondo por que puedas caer en vidrios con sangre ensidada y gonorreica, convenientemente dispuestos en el piso.

*

Mz-
Water boarding Vietnam Style.

Mc-
Cuándo jugamos a eso?

Mz-
Pero con bonafina, para que darle saborcito al Napalm.

Mc-
El Napalm. Podría ser un bar.
En el cuartito de atrás se sirven los waterboards.

*

Y cuando las madrizas no eran una posibilidad, hablaban de cuentos. 

Mistic:

La primera regla del club de literatura podrida es: no se habla del club de literatura podrida.

*

Leí tu cuento. Lo leí en el aeropuerto, frente a una hamburguesa.
Lo quiero y voy a leer otra vez.
Me gustó. Tiene un aroma aspero, como una lija que se lee.

*

Es cabrón ese fenómeno de cosas que todo mundo asume como reales y en “realidad” no se dieron. Hay ejemplos muy cabrones y otros mas macabros como cuando un estado decide olvidar alguna atrocidad. A mi en lo personal me gusta la teoría de que de repente hay actualizaciones en el plano real y a la gente le queda una desazón extraña de sentir que recordaba las cosas de forma diferente.

¿Un drama? Claro; con tintes románticos, algo de existencialismo y chispitas gore.

*

Me uno gustoso a tu desdeñable troupé.

*

Tiene madera.
Madera astillada y espinoza,
como de huizache,
lista para arder.

Ya quedó esta madre.
Tiene sangre, tripas, explosiones y hasta zombies asesinos.
Todo envueltito en palabras bonitas y frasesitas “bien aca”.
Dale una leída.
Si quieres.

Para ser elegante al grado de rozar la decadencia, sin caer en ella, y poder gozar de una excentricidad festejada, he aquí una serie de consejos.

Primero, se debe tener una total falta de respeto por los horarios establecidos. Para aquel con un sentido estético depurado, cualquier hora es más que adecuada para servirse un trago, fumarse un habano y por supuesto, tener sexo indiscriminado. Es menester del persecutor de la elegancia poder disfrutar de una sesión de desenfreno sexual sin el menor reparo hacia lo socialmente aceptado, pues la obtención y profanación del objeto de deseo, no es sino una constante en aquellos versados en las artes del placer y hedonistas consumados.

La elegancia a menudo se presenta cerca del dinero, pero en tiempos del uber-capitalismo, ser rico ya no es algo raro ni exclusivo. Ahora todo el mundo tiene acceso a los lujos y al entretenimiento burgués. También la ropa cara ha dejado de interesar a quienes buscan la elegancia. Me atrevo a decir, que las demostraciones de clase más contundentes que haya presenciado han venido de gente con poco o nada de dinero, casi en situaciones de indigencia pero con un aplomo y unos gestos que dejarían callado a cualquier socialité neoyorquino.

Y justamente menciono a la sociedad de dinero norteamericana, pues ellos fueron los primeros en desvincular la elegancia de la acumulación de bienes. Su clase privilegiada, en un intento desesperado por escapar de todos los clichés a los que estaba sometida, american psycho, brat pack, beverly ricos, príncipes del rap y demás, se pusieron a buscar una identidad en las calles y afuera de sus academias de piano y poesía inglesa. Finalmente dieron con los restos marchitos del grunge que parecían querer decir más que guitarrazos y alcoholismo.

No tardaron mucho en darse cuenta de otra infinidad de corrientes que fluyen por la ciudad, pero debajo del radar de los medios elitistas, y así, en bares bohemios y clubes de electrónica se empezó a gestar esta nueva cultura de opulencia desgarbada.

En estos tiempos, demostrar un nivel cultural es lo chic. Demostrar que se ha viajado, demostrar que se ha leído, demostrar habilidad en los enseres del día a día, autosuficiencia, pero sobre todo, y después de haber tenido que demostrar todo lo anterior, mantener el sentido del humor. Esa es la prueba y denotación máxima del elegante de nuestros tiempos: poder reír a pierna suelta por algún chiste bien sincronizado. Y es tan importante el humor en esta nueva escala de valores pues es un símbolo de humildad. La humildad por extraño que parezca es el epítome de la elegancia. Y he aquí la mayor de las contradicciones del lenguaje, y es contradictoria pues funciona en dos sentidos igualmente contradictorios. Si la humildad es el símbolo máximo de la elegancia, entonces, en la opulencia subraya lo naco.

Esta regla básica me ha hecho reconocer en la gente que me rodea a los nacos y a los elegantes. Y a menudo es sorprendente. Ahí donde todo huele a Zegna, a menudo hay una caca escondida. Ahí donde la gente es amable y los chistes dan risa y luego te ponen a pensar, ahí hay gente que sabe llevarse. Con clase.

No me quiero poner en ninguno de los dos papeles, pues soy solo un esteta disfrazado de taquero, pero si tuviera que elegir sería el más opulento de todos, para que con mi naquez pasara por debajo de los radares de las personas elegantes y observadoras y así, llevar mi humildad mas allá de ellos, una humildad disfrazada de mal gusto enjoyado.

Es sólo darle un giro más a la tuerca, pero con todo lo divertido de ser bien pinche naco. Un poco como si un día de estos, nos enteráramos que Donald Trump dirige un club de filósofos e intelectuales renacentistas, pero no quería que sus amigos nacos se enteraran, pues tal vez lo dejarían de frecuentar.

O como si Niurka Marcos hubiera empezado bailando danza clásica en una compañía cubana en la época comunista, y manejara una red de contrabando de obras literarias prohibidas por el régimen.

— por Andrés Rozada Diego Fernández, 2010
publicado en Misterio y Seducción, Sobre la elegancia y el buen gusto

En tiempos de Juegos Olímpicos me puse a pensar en el rendimiento encabronado de los atletas, y en cómo dedican sus vidas a mejorar su cuerpo, optimizando cada detalle y disciplinando sus mentes, para competir con registros en constante mejora desde hace varias décadas.

El cuerpo humano es básicamente una máquina que procesa alimentos y los convierte en energía para mover los músculos. Tensión y contracción. Estos se fortalecen a través del ejercicio y así, el cuerpo humano puede soportar más energía y producir más fuerza. Un boxeador típico debe golpear diario en promedio unos 200 o 300 golpes, tal vez mas, tal vez son miles. Sería interesante calcular cuanta energía acompaña cada uno de esos golpes y así promediar la cantidad de energía que produce un boxeador regular a lo largo de una carrera promedio de entre 10 y 20 años. Luego, sumamos toda la comida que consumió el boxeador durante todos esos años, y básicamente veremos que con algunos metros cúbicos de comida se puede producir una energía equivalente a la de una bomba gigantesca.

El cuerpo es un motor de una eficiencia sin comparación. El cerebro es una supercomputadora. Nuestros peores enemigos son la escasez de tiempo, la degradación celular.

— por Andrés Rozada Diego Fernández, 2012
publicado en Misterio y Seducción, Potencial

Sociedades estables en evolución constante han llevado a la humanidad a producir tecnologías y sistemas complejos que terminaron por modificar completamente el entorno en el que habitamos. La mitad de la población del mundo vive concentrada en ciudades que para mantenerse necesitan cantidades increíbles de recursos. Cada población por pequeña que sea, necesita una red hidráulica y de drenaje, redes ferroviarias, carreteras por donde le lleguen los alimentos y otros consumibles, y una red eléctrica, por nombrar lo más básico.

Una ciudad es un sistema extremadamente complejo que en ciertas ocasiones parece estar soportado en alfileres. ¿Que pasaría en el D.F. si el sistema Cutzamala sufriera de algún daño significativo cuya reparación tomara más de 2 semanas? No hay nada como un desastre natural para poner las cosas en perspectiva y regresarlas hasta un origen ya olvidado. Si despertáramos un día sin servicios: sin carreteras, sin luz ni agua o combustible, la ciudad duraría apenas unas horas.

Los gavilanes y los perros no podrían abastecer el apetito carnívoro de varios millones de habitantes concentrados en un valle.

El canibalismo llegaría pronto.

— por Andrés Rozada Diego Fernández, 2013
publicado en Misterio y Seducción Antropófagos en estado latente

Era un sábado por la mañana y Andrés había quedado de avisarle si el problemita en la obra estaba resuelto y si el plan seguía en pie.

El día anterior, viernes de quincena, unos maleantes de la zona centro habían emboscado la obra para llevarse lo que se conoce como la raya del personal de obra. En otras palabras, gente que ya sabe que la construcción se paga en efectivo cada viernes, se pone lista para apañar.

Desde hacía varios meses, Andrés había observado unos halcones desde el último piso de un edificio en construcción en Reforma Centro. Éstos parecían vivir por la zona de Tlatelolco y Andrés había decidido escribir un artículo para limulus.mx. Le llamaba mucho la atención que unos halcones, pudiendo vivir en cualquier bosque del mundo, decidan vivir en la ciudad. Mateo sería el fotógrafo de estos rapaces para ilustrar el texto de Andrés.

– “Mira, estos gueyes ya vinieron ayer y se sirvieron sabroso, dudo mucho que regresen”, le dijo Andrés por teléfono esa mañana que hablaron.

Mateo analizó los peligros de la situación y aún así decidió lanzarse a la obra. Tomó su bicicleta, varias tarjetas de memoria, varios lentes para fotografiar de lejos y llegó a Reforma a mediodía.

Subieron juntos al último piso de la obra y Andrés le explicó que generalmente él veía los halcones desde el ala oeste. Señaló distintos puntos en donde solían posarse los rapaces y le explicó que era cuestión de esperar.

Andrés estaba trabajando ese día así que después de unos minutos arriba, le dijo a Mateo que iba a dar una vuelta y que regresaría pronto.

Pasó un cierto tiempo y Mateo no veía nada. Regresó Andrés.

– Nada guey?

– Nada, contestó Mateo.

Andrés dio una vuelta buscándolos y al no verlos volvió a bajar porque parecía haber una fuga en el piso 4 que justo acababan de terminar.

Cuando volvió al último piso, Mateo estaba entregado a la cámara tomando foto tras foto de un punto que Andrés no veía desde las escaleras. Se acercó y le preguntó:

– ¿Qué onda, cómo vamos?

– ¡Man! ¡Ahí está el halcón! contestó Mateo con emoción y sin dejar la cámara.

Andrés guardó un momento de silencio. Sonrió y le dijo.

– … eso es una paloma.

Mateo dejó la pose de fotógrafo, volteó a verlo y se cagaron de risa.

De pronto, a lo lejos, Andrés vio uno de los halcones posarse en uno de los edificios del centro. Estaba lejísimos y el primer pensamiento de Mateo fue que su lente jamás llegaría a tomar a esa distancia.

– Se van a acercar, dijo Andrés con seguridad.

Acabando esa frase, escucharon algo de conmoción en la entrada de la obra. Andrés se asomó desde ese último piso y le dijo a Mateo:

– Regresaron estos gueyes. Déjame ver si puedo averiguar algo, mientras quédate aquí arriba.

Mateo analizó sus opciones de escapatoria y pensó que la altura era su mejor aliado en ese momento. Pensó también que era mejor guardar la cámara y estar listos para moverse rápido.

Andrés regresó corriendo. No pintaban bien las cosas. Mientras empezaba a explicarle la situación, su mirada se levantó y señaló a la distancia.

El halcón había emprendido vuelo y se estaba acercando a ellos. Se posó entonces en un poste de luz a una distancia mucho más fotografiable.

La escena había sido magnífica y la reacción de Mateo fue sacar la cámara de inmediato y tomar una foto tras otra. Cualquier problema con los maleantes, quitaría la memoria de la cámara y salvaría las fotos.

Satisfecho de sus tomas, Mateo volteó a ver a Andrés que miraba fijamente a los lejos y vio como sus ojos iban abriéndose con un brillo de sorpresa y emoción: un segundo halcón se estaba acercando al poste.

Lluvia de fotos.

Y cuando pensaron que su suerte no podía mejorar, ese segundo halcón se acercó a la hembra y se posó sobre ella en el mismo poste de luz.

Empezaron a aparearse.

Era un espectáculo tan bello e increíble que Andrés y Mateo se olvidaron de los gritos de abajo por un momento.

Cuando lograron desconectarse de la escena. Andrés se asomó y vio que se habían ido y los gritos habían parado. Bajó corriendo a averiguar qué había pasado y subió de nuevo para decirle a Mateo:

– Se fueron guey, pero van a regresar. Tenemos exactamente 3 minutos para irnos a la chingada.

Mateo guardó sus cosas a una velocidad sin precedentes, bajaron corriendo y se subieron cada uno a sus bicis metiéndole un turbo que pocas veces habían manejado. No voltearon a ver atrás hasta llegar cada uno a sus casas.

Había sido un día místico sin duda en la Ciudad: de halcones, de obras, de maleantes y apareamientos.

_____

Unas semanas después de la muerte de Andrés, Mateo le hizo esta ilustración conmemorando el día que pasaron juntos en la azotea de una obra de reforma, fotografiando halcones.

El jueves por la tarde recibí la llamada. Parecía que no era una falsa alarma. Colgué emocionado y de inmediato le marqué a Tomás. Ya era la tercera temporada de espera y nuestra paciencia estaba llegando a su fin. Esta podía ser nuestra oportunidad y no la dejaríamos pasar.

Pasó por mí después de las 10:00 de la noche con la camioneta llena de equipo. Los guías nos estarían esperando a la entrada de Ciudad Serdán. Teníamos apenas unas horas para lograrlo pues las ballenas avanzaban hacia el norte rápidamente.

Mientras tomamos la carretera a Puebla, Tomás me contó sobre su siguiente proyecto. Se trataba de fotografiar lugares de cierta relevancia siendo ocupados por gente para quienes no habían sido diseñados. La gente de limpieza en la Asamblea General de la ONU, un grupo de albañiles terminando una suite en un hotel 5 estrellas, cosas del estilo.

Tras la caseta, y con el jeep de los guías detrás, nos dirigimos hasta el campamento base sorbiendo cafés de carretera. Las radios estaban funcionando bien y contacté a Araceli para avisarle que seguiríamos adelante.

Dejamos la camioneta y repartimos las bolsas. Los 2 tripies y la comida irían sobre la espalda de Tomás y el resto del equipo entre los guías y yo. Comenzamos a subir el Pico de Orizaba a las 4 de la mañana.

El ascenso real era muy distinto a los entrenamientos. A pesar de que la carga fuera menor, la delicadeza del equipo nos hacía estar tensos. Avanzamos lentamente pero sin pausas, acostumbrados a cada tramo del ascenso.

A las 3:00 de la tarde finalmente llegamos a la cima. Desde hacía un par de horas estaba comunicándome con Araceli y los muchachos de la Universidad de Veracruz. Desde su ubicación alcanzaban a ver el volcán pues el cielo estaba despejado. Montamos con cuidado y precisión los trípodes y sobre ellos los telescopios y la cámara. Tras algunos ajustes ingresamos las coordenadas y vimos aparecer detrás de las lentes un grupo de lanchas anaranjadas meciéndose con suavidad a más de 100 kilómetros de distancia. Movían los brazos saludándonos. 

De pronto, un chorro de vapor de agua surgió de entre las lanchas, acompañado por el sonido de un centenar de mecanismos.

Fotografiamos la pareja de ballenas jorobadas por varios minutos hasta que desaparecieron tras una pequeña formación de nubes que avanzaban hacia el sur.

— por Andrés Rozada Diego Fernández, 2017

via Cork Whale Watch

Está sucediendo. Al principio nadie lo notaba, pero poco a poco todo fue cambiando hasta que ya era muy tarde. El tiempo se ha ido. Ahora, los días se pasan volando, y las horas ya no alcanzan para nada. Todo es tan rápido que cuando nos damos cuenta de las cosas que hacemos ya las estamos recordando. Estamos viviendo recuerdos…

Algunos intentaron ampliar los límites de la paciencia, regresar a ritmos más humanos, desprovistos de obligaciones y plazos, pero no tuvieron tiempo de organizarse. Ya sólo quedan los remanentes de una civilización que por poco logró establecerse en su momento histórico. Una generación viviendo en un futuro falso, en busca de un pasado perdido.

Las artes lo resienten: la música se ha convertido en repetición de un par de frases, cambiante al minuto. El teatro, en interpretaciones de una escena, con argumentos condensados, sin dar una oportunidad para que el espectador lo digiera.

Pero es en la literatura donde la falta de tiempo ha creado mayores estragos. Nadie tiene tiempo para leer y los libros han dejado de existir. Las obras maestras se miden por caracteres y rara vez estos superan el millar. Incluso, se habla de una nueva corriente, donde el poeta condensa su obra en un par de frases y así transmite su mensaje. Ahora cuatro párrafos son suficientes para escribir toda una zaga.

Se escuchan historias, de algunas cuantas palabras, que hablan de un poeta que ha sido  tocado por la mano de Dios. Es tal la grandeza de este poeta que ha logrado plasmar toda su obra en una sola palabra. Una palabra que significa el universo entero, completo con sus océanos y desiertos.

Una palabra de profundidad infinita, que al ser leída detendrá al tiempo.

Cuenta una historia antigua, del país del desierto sin final, que un día un poeta harapiento llegó desde los confines del reino a leer al sheik la palabra absoluta, un conjunto de sílabas que unidas de cierta manera contendrían toda la verdad del mundo. Una sola palabra para nombrar el conjunto infinito de seres, formas o colores, una palabra fuera del lenguaje, fuera del tiempo.

Los preparativos duraron una semana y desde las ciudades vecinas vinieron los nobles de la casta guerrera, con las mujeres más respetables del reino, a escuchar la palabra que habría de contener la totalidad de la existencia.

El poeta, un tipo de mirada vacía y andar torpe, llegó ayudado por 2 guardias a las escaleras de piedra, ante las cuales estaban sentados todos los nobles, mirones, guardias y hasta un par de brujos, temerosos de las consecuencias de lo que fuera a decir el extraño del que tanto se hablaba.

El poeta, alisó las ropas, desacostumbrado a semejantes ornamentos, carraspeó un poco e inhaló profundamente, como si en ello se le fuera la vida. Luego, sin mayor preámbulo gritó la palabra.

Fue un grito corto y agudo, que resonó en los oídos de los nobles por algunos instantes. El salón empezó a llenarse de murmullos, y el sheik se levantó de inmediato.

Al día siguiente al salir el sol, el poeta era colgado en la plaza central.

— por Andrés Rozada Diego Fernández, 2015

Siempre he sido un lector de historietas. Es algo que mis padres inculcaron en mi desde que tengo uso de razón, y por eso les estaré agradecido toda mi vida. Tuvieron la delicadeza de escoger zagas con un gran contenido y mensaje. Una de esas series, y probablemente la que más disfruto todavía es Tintin. Las aventuras un poco ingenuas de un joven periodista que recorre el mundo y descubre una infinidad de maravillas en tiempos del boom económico de la postguerra.

Junto a él, el capitán Haddock recorrerá el mundo compartiendo hazañas y humorismo con el protagonista de la zaga. Es sobre todo este personaje el que me transmite más emociones y empatía, pues es un marino mercante, perdido en un severo alcoholismo, que después de conocer a Tintin decide embarcarse en cualesquiera aventuras se presenten, eso sí, sin dejar de viajar con maletas repletas de whisky loch lomond, y con un espíritu de heroísmo que irá in crescendo a lo largo de la serie. Incluso, en los volúmenes finales de la serie, Haddock se ha convertido en un socialité, viviendo en un enorme palacio de Francia.

La serie nunca terminó, pues Hergé dejó un último volúmen incompleto. Tintin y el Alph-Art. Trata una serie de aventuras citadinas, algo nunca visto, entre el par de héroes y su perrito Milou. En esa historia, se involucran en un enrredo que implica trato con artistas modernos y tráfico de piezas o algo así. Cuando Hergé murió, sus bocetos salieron a la luz pública y varios dibujantes se aventuraron a tratar de terminar la historia imitando el estilo y el humor de Hergé.

Cuál sería mi completo asombro, cuando hoy di con uno de estas obras apócrifas, y encontré que la mitad de la historia, Tintin y el Capitán se encuentran maniatados y bajo constante amenaza, sólo para ser ahorcados junto a un risco y “salvándose” de milagro. Lo digo entre comillas, pues el nivel de explicitud que logró el demente dibujante que recreó la historia, supera por mucho la tolerancia de los fanáticos originales hacia escenas de violencia, y más en torno a los héroes con los que crecimos.

Basta decir, que mi visión de la serie entera se vió afectada negativamente. Por un lado, puedo sentirlo como un final burdo, que me aleje de mis fantasías tan acostumbradas al ir a cagar. Pero no puedo dejar de pensar en que esos personajes merecían ser inmortales al grado de nunca sugerir envejecimiento, o disminución de energía en ningún sentido.

Es más, las últimas aventuras que Hergé plasmó probablemente sean las más dinámicas y entretenidas, como para dejar toda la serie terminar en una ciudad de Europa, entre galeristas y museos, y nuestros héroes, que habían capturado a Al Capone y superado sacrificios prehispánicos en Perú, fueran a dejarse superar por un mafioso armado.

Me enfurece, y siento que Internet me la ha cobrado por estar tratando de responder a todas las preguntas siempre y sin de verdad necesitarlo.

Hay que valorar la ingenuidad de vez en cuando.

— por Andrés Rozada Diego Fernández, 2010

Un antihéroe 

Un antihéroe que caza a los ladrones de los cajeros, porque actúan bajo sus propias motivaciones y siembran el desconcierto en la industria de la economía. 

Pero cuando los ratas dejan momentáneamente de robar, él se encarga de llevara cabo los golpes y robos contratado por los bancos. Es el tipo que alimenta el miedo de las campañas de proteger tu dinero con un pequeño seguro activado desde el cajero.

Millones reditúan al banco con cada asalto en una nueva colonia, pero si la tasa comienza a subir en cierta zona, el rata come ratas sale a las calles y se deja asaltar como carnada, y luego ¡pam!

 

El grito de los gallos

El grito lastimero de los gallos,
Asemeja el mundo a su alrededor,
Y resulta casi una advertencia,
Para el resto de las aves.

 

El bar temporal

Hacer un bar temporal colado en obra. Varillas preparadas durante un colado que se van a cortar después. Lo preparas durante meses. Cuelas un jueves, cimbra propia, todo mundo se va a dormir, y el sábado descimbras con carpinteros de confianza. Empedas con los amigos y en la tarde destruyes con cinceles. Pensar en la app de seguridad. Explorar esos límites, acotarla para hacerla accesible a todo mundo. Segura y masiva. Dependiente de esas 2 variables.

 

La eutanasia vehicular

El mecánico en jefe te da la mala noticia, no hubo nada más que pudiéramos hacer. La pérdida en tiempos del encariñamiento con un vehículo inteligente con el que se comparten grandes momentos.

 

Un pequeño acto vandálico

Llevar un coche a punto de descomponerse, una carcacha a verificar. Al entrar en la fila ppal se baja uno con las llaves, sale a la calle y se va. Dejando olvidada la carcacha, provocando un desmadre en el verificentro.

 

— por Andrés Rozada Diego Fernández

Estoy con Jp y Gini en el Pompidou viajándome con las instalaciones y me doy cuenta de que no tengo idea como estuvo el vuelo de WamosAir. No recuerdo nada en lo absoluto al respecto. En ese instante digo: “esto es un sueño”, y ante los ojos maravillados de Gini despego y me largo de ahí.

Vuelos y vuelos, aventuras en un metro extraño que llega a una estación medio abandonada de NY. Dos tipos se me quedan viendo raro. Uno de ellos parecido al maya que cuidaba animales en Xplor. Debe ser porque decidí pararme en el muro del vagón, paralelo al techo. Me quieren hacer daño, según yo. Y eso es porque Gini me había advertido que si es un sueño, no debo de ver a la luna (fue lo primero que hice después del Pompidou).

Luna llena hermosa. Me dan algo de miedo esos dos, y me paso al vagón delantero hasta llegar con el chofer que es un negro inmenso y le digo que me quieren hacer algo dos tipos que me están siguiendo con harto interés. Me dice que en ese tren nunca jamás ha habido problemas, y me enseña la foto de un hawaiiano sonriente vestido de rojo con una expresión similar a Óscar Espinoza Jr, vestido de rojo, campeón de MuayThay y amigo suyo que al parecer mantiene el orden ahí. Le digo: “es en serio, me quieren chingar”. Para el tren, me bajo, los dos tipos se bajan y en eso los sigue el hawaiano. Le digo y empieza como a hacer un performance karateka que obviamente sale mal, y se rueda de una colina, enredado en su propia ropa. Muy cagado, eso basta para que los dos malos rompan en risa y empiecen a cotorrear conmigo. Dicen que lo que pasa es que me vieron volando dentro del tren y que quieren ver quién soy. Les digo que soy un dude que anda soñando y despego de ahí.

Acto seguido, estoy en el jardín con dos japonesas lindas. Cotorreando. Me dicen que ellas hablan una inglés y la otra japonés. Les pregunto si el universo tendrá un salón lleno de traductores de sueños, porque les explicó que yo las oigo en perfecto español.

Reímos. Y una de ellas me truena un grano en la cara que me dice me llevará hacia adelante. Luego hay un episodio extraño con dos gatos, hay mucho cariño y de pronto una chiquita que se parece a la pioja se siente mal o algo y aparece una araña, luego otra y al rato hay como 20 arañas entre las plantas. Yo conservo la calma y vuelo en lo que regresa el gato más grande. Supongo que habrá sido un aviso de pesadilla, o algo así. 

Acto seguido, tal vez, ¿estoy con Gini y Alex? O, ¿Paola y Ale? Son dos hermanas en su casa jugando tenis en la sala. Esto es un sueño así que el tenis es volando y de cabeza, pelotas al techo y sensación de flotación particular. Poca madre.

De repente le pegamos un pelotazo al estéreo y se aparece un papá al estilo Peña Nieto diciendo que le había avisado el fabricante con una alerta que habíamos jodido su aparato. De hueva.

Me despierto, al cambiar de posición en la cama. Estoy un poco dolorido por llevar un rato en la misma posición.

— por Andrés Rozada Diego Fernández, 2016

La Ciudad de México está atestada de pedazos aislados de civilización forzados a convivir con una infinidad de objetos en un entorno ajeno a su realidad original. Esta amalgama visual y espacial es el contexto en el que Xipe Tótec, una intervención escultórica de Thomas Glassford, viene a establecer su discurso, fungiendo como un nuevo protagonista de la ciudad.

Esta obra, que cubre las fachadas de Centro Cultural Tlatelolco y que está conformada por una red luminosa a base de LED, podría ser vista como un remanente inverso, o un precursor, de una cultura que está por venir y que atinadamente surge en una cabecera de la Plaza de la (todavía) Tres Culturas. La compleja retícula de luz está diseñada sobre la base de las proporciones de la geometría precisa de los cuasicristales. Estas estructuras atómicas aperiódicas fueron descritas por los científicos occidentales apenas en 1984, pero sus formas geométricas ya habían sido utilizadas cinco siglos atrás, en la época medieval, por arquitectos islámicos. La polémica generada por la improbabilidad de que este conocimiento se encontrara plasmado en el arte mucho antes de que la ciencia llegara a constatarlo es un ejemplo rotundo del perpetuo menosprecio de los logros ajenos.

En este sentido Xipe Tótec hace uso de un debate aparentemente externo que, al insertarse en la ciudad, genera un discurso propio manifestando la vigencia de la eterna lucha entre culturas. El nombre azteca de Xipe Tótec (Nuestro Señor desollado o Bebedor nocturno) refuerza el carácter atemporal de la obra, al tiempo que le confiere un simbolismo acorde a su ubicación. Según la mitología azteca, Xipe Tótec se quitó la piel para alimentar a la humanidad, y en las ceremonias en su honor, los sacerdotes vestían las pieles de sus enemigos. La intervención de Thomas Glassford es una piel que viste un edificio de otra época respetando su esencia original y extendiendo su carácter icónico a los confines de la noche.

— por Andrés Rozada Diego Fernández, 2010
publicado en Tomo Arte, Arquitectura y Diseño

José Ignacio Nuño

Mistic – Óleo sobre madera

“Te extrañamos todos los días mi hermano. Te pinté entre risas, reflexiones, llanto y todo lo que provoca tu recuerdo. Gracias por todos los momentos que pasamos juntos. Ahora tienes un lugar permanente en mi casa para que me sigas recordando cómo ponerle huevos a la vida.”

— por José Ignacio Nuño, 2017
jinuno.com

Como seres de la actualidad, estamos subyugados a la percepción visual. Tenemos una seria dependencia hacia las imágenes y esto nos aleja de la realidad absoluta.

En el desierto, durante el día, percibimos las plantas, las dunas y el cielo desde una perspectiva sobresaturada de ejemplos, y por lo tanto demeritamos lo que vemos, y por consiguiente, desaprovechamos la experiencia del desierto en el día. Cuando todo está vibrante de vida. Tenemos que esperar a que caiga la noche y nuestra vista empiece a menguar para realmente apreciar la intensa belleza del lugar. Cada planta necesita ser inspeccionada y reconocida otra vez como si fuera la primera, y es entonces cuando el carácter sagrado del desierto empieza a presentarse de forma sutil pero consistente.

Incluso, el éxito de la misión de autoexploración muchas veces está sujeto a nuestra experiencia visual. En otras palabras, la conjunción de los sonidos, la temperatura, la vista y el estado de salud generan un entorno sensorial que supone la plataforma desde la cual la exploración será llevada a cabo. Dado que altera drásticamente la percepción óptica (generalmente en sentidos diametralmente opuestos a los estándares estéticos contemporáneos), nuestra plataforma de exploración parece ser afectada negativamente. Si hacemos caso omiso de las imágenes que parecerían atormentarnos, encontraremos que el trasfondo general de la experiencia consiste en la armonía del sujeto con el entorno. La armonía del guerrero con el desierto. Y esto, va mucho más allá de lo que podamos ver. Es un estado absolutamente espiritual. Un vínculo que se hace antes de llegar siquiera a las montañas que anteceden al desierto.

Mi experiencia en este 31 de Enero del 2009 consistió en saber que las energías que imperan en el desierto apreciaban mi ofrenda y sacrificio, que a través de mi ser podían ver mi vida, y lo que veían les gustaba. Al menos eso fue lo que sentí cuando intenté sintonizarme con las fuerzas superiores.

Mi sacrificio fue mi propia vida. Llegué al desierto dispuesto a aceptar mi muerte si esta llegaba. Y fui recompensado con la vida.

Ahora sé que mi vida ha sido digna, he llevado una existencia verdadera, insaciable en la búsqueda.

Mis amigos lo demuestran. Estoy rodeado de guerreros.

Estoy feliz. Otra vez, como siempre.

— por Andrés Rozada Diego Fernández, 2009

explorando, resistiendo, engrandeciendo mi centro y al resto amacizando, construyendo demoliendo, en el descanso caldeando, auscultando, leyendo, protegiendo y cuestionando, cazando historias como la mía y ronroneando en mi guarida, percutando y fusilando, no corriendo, nunca frenando, disfrutando aún neceando, sentenciando y cabuleando, apuntalando, soñando, a escondidas cantando, revelando efectivamente, rebelando indiscutiblemente, enardeciendo sólo siendo y desde siempre eternizando. Mistiqueando ando. Mistiqueando voy.

[33 VERBOS]

Al leer esas historias de ficción que alguna vez llegamos a compartir, me dio por reflejar a los seres y personajes fantásticos en la ilusión que es esta realidad en la que coincidimos. Tú eras el místico, aquel al que siempre había que escuchar con atención. Tu paradoja existencial, la cualidad innata de la inmortalidad, hoy encarnada en el impulso de vida y fuerza que nos mueve a todos y cada uno de los que tuvimos la oportunidad de cruzarnos en el camino de Andrés Rozada. Que tu paso en esta dimensión nos impulse a todos a dar los siguientes con la misma convicción y pasión de tus palabras y tu mirada.

Brieuc Martin-Onraët

Beauty comes in many a guise.
He loved Beauty.
Mayhap, ‘tis why they loved one another.
For both were beautiful, inside and out.
Some say they were mimetic
Each reflecting the other.
I believe they were symbiotic.

When he saw Gaudi in Barcelona
He decided he would be an architect
For the beauty of lines.

He loved books. So did I. Did we.
What can be more beautiful
Than a book? Well-read. Worn-out.
Full of sand and grime.
Or leather-bound from centuries past.
We both liked Paul Auster and
Frank Herbert’s Dune, the desert planet.
He knew all about Muad’dib and
The Reverend Mothers of the Bene Gesserit :
I must not fear.
Fear is the mind-killer.
Fear is the little death that brings total obliteration.
I will face my fear.
I will permit it to pass over me and through me.
And when it has gone past I will turn the inner eye to see its path.
Where the fear has gone there will be nothing.
Only I will remain.*

He loved music from Jazz to Radiohead
To Blues to Dépêche Mode…
Music is one of Beauty’s incarnations.

He’d found that secret place at the end of the world.
Finis Terrae called The Capes.
Cabo San Lucas to the West
San José del Cabo to the East.
If you sail down straight on South
You will reach Antartica.

He liked graphic novels.
What the French and Belgian call BD,
Bande dessinée. The ninth Art.
He admired French artist Moebius
Aka Jean Giraud. A most talented sketch artist,
Moebius-Giraud would have drawn The Capes well.

His keen, bright eyes observed the world
Twice as much as he talked.
Most talk twice as much
As they should.

He’d come to the Capes with a few friends.
He so loved Friendship, another name for Beauty.
A big reddish house, with a large terrace
Overlooking the Sea of Cortez
Wild hares springing about in the nearby desert.

Dune might have looked so:
Arid, dry hills sloping down gently towards the sea.
Meagre shrubbery. Lone cacti.
Many birds. Of all shapes and hues.
He knew the names of all birds of prey.
Hawks, falcons, eagles.

I saw an eagle ten yards away
Gliding low above the beach.
Two feet wide. Almost black from head to talons,
The tips of each wing creamy white
As if the eagle wore gloves.
I don’t know the eagle’s name.

He’d found a lone beach at the end of that world.
Half an hour’s ride on a dirt road.
A small beach, two or three hundred yards wide maybe?
To the right, a low rocky hill tumbles into the sea.
To the left, a sandy hill, all cracked and parched by the sun
Leads you to the second beach.
No one there. Just the sand.
Bits and pieces of a dying coral reef.
And a gentle sea crashing softly.

There are fairy chimneys everywhere
On the slopes of the desert.
A line of rocks closes the beach to the left.
A beach? A creek, really.
This one and a few others form a necklace
Of beaches into a wider bay.
The Beauty of the sea.

They sat on the white sandy beach.
Old friends chatting, laughing or saying nothing
As only good friends can enjoy silence.
They may have played a game or two of football.
What the entire world calls football
And only a handful insist on calling soccer.
He was a good player, came back every Sunday
With his fair share of cuts and bruises.
They talked, and smiled, and laughed.
Watching the eagles and the sea.
Happiness is another name for Beauty.

As the afternoon lingered away
Some set out for a stroll.
He went swimming.
He was a good swimmer
And liked to snorkel around
In the crystal-clear shallow waters.

But Death, the eternal jealous enemy
Was hiding in the beautiful sea
And took him away from the woman he loved.
From all who loved him.

 

In loving memory of our Son-in-law, Andres, who left us in Los Cabos on May 6th.
Au revoir Andres. There are no other words to say but Au revoir.

— por Brieuc Martin-Onraët, 2017
publicado en equinoxio21.com

A Chanek:

Tengo que admitir que desde que te fuiste he estado en duelo, y que mi duelo más fuerte fue haberte descuidado por tantos años … típico de vatos, “pos cada quien se rasca como puede”. Me encantaría poder invitarte un mezcalito y “ponernos al día”.

Por eso llevo tiempo redactando un poema, se ha convertido en mi obsesión… quisiera capturar un poco de la esencia de nuestra amistad, para que cuando el tiempo pase y las memorias se diluyan, siempre quede un texto que la reviva.

Llevo meses colectando y tomando notas en mi cabeza de símbolos, eventos, textos, pensamientos.

Al poema he buscado darle un poco de carácter prehispánico, recordando nuestro viaje por el mundo maya y nuestro gusto y admiración por las culturas antiguas.

De hecho, hace no mucho leí un texto de unos artistas de origen zapoteco “nuestros antepasados pensaban que las personas y animales comparten un espíritu”. Varias culturas en el mundo creen en este vínculo sagrado, y me queda muy claro con quien compartes tu espíritu, pues es un hecho que tu muerte ha dejado una marca en tu vida.

Esto me llevó a rascar un poco de las culturas hawaianas (la leyenda de Mano Kanaka) y neo zelandesas (la leyenda de Paikea el jinete de ballenas) que muestran esa intimidad del hombre con el mar y los animales que lo navegan. Incluso me he “empapado” un poco del “México Pelágico”, que yo desconocía era tan rico y tan diverso.

Me parece impresionante que de todos los mundos que pudiste escoger, escogiste un mundo que aún continúa retando y sorprendiendo a la humanidad. Un mundo lleno de misterios y magia.

Además, fue un mundo que inexplicablemente a los dos nos llamó, de alguna u otra forma. A pesar de haber crecido en un lugar árido y lejos de la costa, el agua nos ha unido. Ya fuera con múltiples viajes a la playa, con actividades acuáticas como el remo, o compartiendo aventuras de alta mar.

Obviamente el poema también trata de capturar lo trascendental e inexplicable. Aquello que perseguíamos al seguir tradiciones espirituales como fue nuestra búsqueda del jicuri en el Wirikuta (lugar sagrado huichol).

Carnal, tal vez no fuimos los cuates que siempre nos buscamos, ni confidentes, tampoco recuerdo muchas largas charlas, de hecho, creo que éramos más propensos a caer en silencios. Pero disfrutábamos de nuestra compañía, sobre todo cuando involucraba un viaje a la naturaleza, a lugares “exóticos” o “místicos”.

Siento que, sin conocernos mucho, siempre compartimos una conexión; la cual no soy capaz de explicar, y que realmente no hacía falta más que vivir la vida, sin darle muchas vueltas y sin mucha necesidad de platicarla, mejor usar la imaginación y explorar el potencial humano.

Buscando en mis correos, me encontré estos textos en específico que me gustaron mucho, y que me los enviaste durante mis afortunados viajes de navegación por el Atlántico, me recuerdan perfectamente tu personalidad y tus añoranzas:

“me resulta muy agradable pensar en que por lo menos tu estas cruzando el charco, rifándote en la tormenta y durmiendo de la verga. Espero que de menos ya estés considerando el tatuaje del ancla. no sabes lo rifador que es con las chicas, y creo que se va a poner de moda otra vez en unos años.”

“y también seguro vas a estar pensado chingos de mamadas. muchos escritores han sido marineros, se supone que la falta de contacto con tierra te hace cosas en la cabeza. te llevaste algún libro bueno?”

Pues hoy por hoy, el rifado eres tú, y por eso te he dedicado este poema que pretende transformar esa muerte catalogada como trágica, en algo más mágico y con un significado mucho más profundo. Haciéndole así, honor a tu apodo “Mistic”, que no por nada te distinguió; ya que para ti no parecía haber nada mundano, todo parecía tener un significado… ó en el peor de los casos, esas cosas mundanas le daban humor a la vida.

Homenaje a ah Xok

Eres parte del misterio del mar.
Intrigante,
tu espíritu llegó a este mundo,
muchos años antes que el de muchos más.

Depredador respetado y venerado,
protector del mundo acuático,
navegas los océanos con libertad.

El mundo es tuyo,
hay que conocerlo y disfrutarlo.

Así siempre viviste y nunca retrocediste,
Ésa no es tu naturaleza:
siempre adelante, no hay que echarse “pa trás”.

Aunque te gusta la soledad,
también te gusta estar en comunidad.
No por nada elegiste Cabo Pulmo.

Ahí no vas tú solo navegando,
hay diversidad que alimenta el alma,
hay “cultura” para la humanidad.

Tal vez nunca lo supiste,
pero en muchos libros, cuentos y piedras habitas.
Algunos te labraron en jeroglíficos,
y hasta el gran Aristóteles te dio nombre.

En la mitología eres ah Xok, señor tiburón,
Y en las islas remotas eres mano,
Te atribuyen la fortaleza, la nobleza y el poder.

Que no dista de lo que fuiste para nosotros hermano,
aquel que nunca se quiebra,
cual espartano en la batalla de Termópilas

Chinga-quedito no iba contigo,
amacizar a golpes, seguro fue tu lema
y así perder un poco el ego
que nos nubla el juicio.

Y tu humor sombrío,
de ingenio preciso y sorprendente,
cual broche de oro, encajaba de forma excepcional;
echarse a reír, era el único remedio.

Tampoco hacía falta platicar mucho,
Sólo era cuestión de ser, de estar, de viajar, de empedar.
De vivir.

Recuerdo bien nuestras búsquedas del jicuri,
Nuestra incesante búsqueda del ser,
Esos viajes en que todo simplemente funcionaba.

Jamás olvidaré, que un día, contra todos los pronósticos,
Dimos contigo en medio del Wirikuta.
en un lugar donde había más cactus que personas,
Con unas pocas pistas, te encontramos.

Mano Kanaka, hombre-tiburón
mística fue tu partida.
Buscándote, a ti mismo te encontraste.
Regresa tu espíritu,
a aquel mar que siempre añoraste.

¡Nuestro aumakua, tiburón protector, saludos hermano!
Un abrazo hasta aquel cabo donde ahora vives,
Aquél es tu Wirikuta, tu lugar sagrado
que recorres y disfrutas, que observas e investigas,
con mirada inquisitiva.

— Por Christian Beckmann, 2018

Foto de René Martinez

Feliz día… probablemente es más un día para nosotrxs que para ti porque festejamos que exististe a nuestro lado esperando que sigas existiendo en otra forma.

Feliz día, porque hace 34 años naciste y te convertiste en este ser que nos llenó de momentos mágicos, de aprendizajes, risas, amor y abrazos.

A veces siento que me muero de amor, pero aquí también siento que me das fuerza para disfrutar de esto y que me impulsas a ir más lejos: a bajar el cerro, a olvidar el miedo. Hoy estoy sin miedo. Y es gracias a ti.

Hoy habrán lágrimas y sonrisas, beberemos unas Bintangs en tu recuerdo, hablando de ti, pensando en ti, más de lo que hago cada minuto, intentando llevar el recuerdo hacia el lado menos triste. Y si va hacia el lado más triste, ni pedo, echaremos la lágrima en este paisaje que parece orquestado para recordarte.

Aquí te veo y te recuerdo, veo tu espalda en la moto, veo tus piernas, imagino que estás aquí, y que la Tronchistic está completa. Te veo viendo el mar turquesa, te siento rifándote en el camino chungo, te extraño como nunca te extrañaré y trabajo en no pensar en el tiempo que nos faltó sino en el tiempo que recorrimos juntxs, en los años que crecimos de la mano.

Trato de pensar en tu voz que es probablemente lo que más extraño de ti. Aunque miento, porque lo que más extraño es tu cuerpo, tus ojos viéndome, tu cabeza maquinando ideas. Extraño extrañarte sabiendo que siempre llegarás. Extraño tu ser, extraño viajar contigo y escribir estos recuentos contigo.

Y si bien hoy te siento más cerca que en los últimos 4 meses, tu lejanía me duele en cada nuevo escenario. En cada recuerdo que no puedo contarte.

Dicen que el dolor se irá y que podré pensar en ti sonriendo y sin lagrimas. Ahí va la sonrisa.

Hoy festejo que hace 34 años llegaste al mundo, gordo, gordo, con esas cejas que solo tú sabías portar.

Festejo que tuve el privilegio de ser tu Pochis y festejo que sé que fuiste genuinamente feliz.

Hoy prometo trabajar en encontrar esa felicidad que empecé contigo.

Te recordamos en cada silencio, en cada paisaje y cada rodada. Te amo y te amaré por siempre pero hoy siento que no dolerá por siempre.

Cierro con tus palabras que siempre atinadas dicen, “La Luz que alberga toda posibilidad de vida. Es gracias a ella que sobre todo, la vida existe. Todos los seres son bañados por La Luz de millones de galaxias en cantidades mínimas pero suficientes para decir que vivimos en un array constante de luz de estrellas. Un wifi a escala universal. Está todavía lleno de misterios el terreno, la materia, la esencia de La Luz.”

Tú eres mi luz, La Luz.

Te amo.

Feliz día que nació Mistic.

 

— Por Virginie Martin-Onraët, 2017

Una reseña que escribió Andrés después del concierto de Mogwai en junio del 2012 en el Plaza Condesa en México.

“Anoche estuvo épico de verdad.

Están muy cabrones los Mogwais. Es otra cosa verlos en vivo. De hecho sentí que es LA cosa verlos en vivo. Eso o tener unos audífonos de uso industrial para entender todas las texturas.

Es como pop y melodías bonitas detrás de un ruidazo impresionante. Como que ya superado el choque sónico, encuentras que están tocando cosas bien bonitas.

De repente, me di cuenta que estos gueyes platicaban entre sí, y el guitarrista empezó a soltar unos tonos agudos preciosos. Notas perfectas, con una nitidez absoluta. Y estaban sacados de pedo. Es que la acústica de ese lugar es casi de conservatorio según yo. Y sin ser una canción, sólo este guey tocando unos agudos la gente empezó a gritar de la emoción. Orgasmo acústico. Muy impactante. Neta me sentí orgulloso del público, y del foro. De todo. Momentazo.

Me tomé 3 chelas de a litro y un Hendricks tonic. Ese fue un pequeño regalito que me di para vivir la experiencia como se debe.

Me dio oso que si había algo de luz, se me estaban aguando los ojos. Me está pasando mucho.

¿Nunca viste una peli de Franka Potente que se llama la princesa y el guerrero?

El “guerrero” tiene una condición en que sus ojos lloran en situaciones varias.

¿Me pasará eso en unos años?”

—  por Andrés Rozada Diego Fernández, 2012